Tuesday, August 18, 2015

Otro ladrillo en una pared sinf?nica | FacePol?tica.com

Habían pasado 13 años desde The Wall y siete años desde su partida de Pink Floyd, y Roger Waters hizo un disco que dialogaba directamente con esos antecedentes. Eso es bueno y es malo.La reciente reedición de ese disco (Amused to Death) permite verlo desde otra perspectiva. Pero es la misma: es el epílogo de aquella obra y un regreso a la grandilocuencia de Pink Floyd, un territorio que él ayudó a construir. Hasta entonces, y como pudo había intentado disimular, no siempre con éxito, el vínculo en sus discos solistas.Aunque la coproducción de Patrick Leonard (que por entonces trabajaba con Madonna) actualizaba un poco el sonido; la guitarra de Jeff Beck; las letras tirando a luditas y el recurso de los sonidos de televisión o diálogos de película se acercan a senderos ya transitados. Es un disco casi sinfónico que muestra a Waters en un pico creativo y con los recursos suficientes para contratar gente como Beck, Don Henley, Steve Lukather, Jeff Porcaro o Michael Kamen, el arreglador que se encargó de las orquestaciones de, precisamente, The Wall.Capaz que por todo eso visto desde estos tiempos tan propensos al bajo perfil, todo el disco suena un exceso. Después de todo son 72 minutos de Waters en estado puro y eso, aunque sus fanáticos lo encuentren irresistible, puede ser un poco mucho para un ciudadano común.Más allá del concepto casi de opera rock (¡qué viejo que suena eso!) lo que quedan son las canciones. Y “Perfect Sense”, “Amused to Death” o “What God Wants” son buenos momentos para confirmar que más allá de ser muchas veces víctima de sus propias pretensiones, Waters es uno de los grandes compositores del rock.Si no puede ver el video, haga click aquí.

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